VIDEOS ECOLOGIA

La Revolución Verde
El movimiento ambiental mexicano

Como sus contrapartes en los Estados Unidos, un número cada vez mayor de mexicanos se han preocupado por cómo la contaminación y la destrucción de los recursos naturales está afectando su calidad de vida. Como en los Estados Unidos, las preocupaciones por la salud humana y por la del mundo natural han conducido a la formación de un movimiento ambiental en México.1 Sin embargo, este último todavía está en ciernes. México tiene más de mil organizaciones ecológicas, pero ninguna de ellas con una membresía masiva.2 De hecho, no existe mucho apoyo popular para las causas ambientales. Empero, el movimiento ambiental se ha convertido en un defensor, con cierto éxito, de la protección del mundo natural, en parte porque los dirigentes políticos están empezando a compartir su convicción de que el país está enfrentando una crisis ecológica.

La creación del movimiento ambiental mexicano fue acicateada por la insatisfacción que sentía la gente al vivir en un ambiente cada vez más contaminado y por la atención que los medios de comunicación estaban dando a estos temas. Ambos factores están ahora dando como resultado la expansión del movimiento.

La pesadilla ecológica en la Ciudad de México ha sido un punto focal de las inquietudes ambientales del país. Ya en los ochenta, la contaminación se había convertido en un tópico de conversación familiar entre los residentes de la capital. Muchos capitalinos* sufrían de molestias causadas por la contaminación, como ojos irritados, zumbidos en los oídos, tos crónica y fatiga constante. Para muchos residentes, las condiciones en la Ciudad de México parecían menos tolerables debido a sus recuerdos de un tiempo y de un lugar diferentes.

Para cientos de miles de capitalinos, la contaminación es más que una molestia. En zonas marginadas, el agua contaminada ha provocado una incidencia muy alta de disentería, tifoidea y hepatitis. Las seiscientas toneladas de polvos fecales que se van hacia la atmósfera cada año, llevan mortíferos microorganismos como salmonela typhosa, estreptococos y estafilococos. La Ciudad de México es uno de los pocos lugares en el mundo donde es posible contagiarse de tifoidea y hepatitis solamente por respirar.3 Durante el transcurso de un año, se emiten al aire 4.35 millones de toneladas de contaminantes, que no se disponen adecudamente, lo que constituye otra fuente para la transmisión de enfermedades.4 Se emiten anualmente a la atmósfera 4.35 millones de toneladas de contaminantes.5 Las concentraciones de ozono, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, bióxido de azufre, hidrocarburos, cadmio y plomo exceden regularmente las normas internacionales de salud, muchas veces en forma alarmantemente alta. Por ejemplo, el nivel promedio de plomo en la sangre de los residentes de la Ciudad de México es casi cuatro veces mayor que el de los residentes de Tokio.6 En marzo de 1987, el toxicólogo norteamericano Tom Dydek encontró que los niveles de bióxido de nitrógeno y de hidrocarburos en sus sitios de monitoreo en la ciudad, eran comparables a aquellos que se encuentran el túnel Lincoln, que conecta a Nueva Jersey con la ciudad de Nueva York. La conclusión de Dydek, quien subestimó la realidad, fue que " se puede esperar que la exposición a concentraciones de estos elementos químicos cause efectos adversos sobre la salud. Nadie debe de estar expuesto a estos niveles de contaminación."7 Médicos de la Ciudad de México atribuyen muchos casos de anormalidades de la piel, desordenes nerviosos, retraso mental, problemas respiratorios, dificultades cardiacas y cáncer, al altamente contaminado aire de la ciudad.8 Registros médicos desde mediados de los ochenta indicaban que treinta mil niños y setenta mil adultos morían anualmente por la contaminación del agua y el aire.9 Debido a muertes o enfermedades serias de miembros de la familia o de ellos mismos, algunos de los veinte millones de habitantes de la Ciudad de México se percataron de los efectos de la contaminación sobre la salud pública. De estas filas, el movimiento ambiental obtuvo parte de su apoyo.

La salud del mundo natural también está seriamente amenazada en México. Tres cuartas partes de sus suelos sufren de algún grado de erosión 10; 95 % de sus ríos están contaminados 11; y 470,000 hectáreas de bosque desaparecen cada año.12 Estos son problemas muy alejados de la población urbana. Aún así, un número creciente de urbanistas han llegado a la conclusión de que su supervivencia depende de la salud de la tierra. José Sarukhán, un ecólogo mexicano y rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, notó que términos antes sólo técnicos como "ecología", "ambiente", y "conservación", habían llegado a ser parte del lenguaje común. A medida que, cada año, la gente oía más sobre la escasez de agua potable, de aire limpio y de suelo fértil, empezaron a relacionar el comportamiento humano con el daño del ambiente natural que sustenta la vida.13

Como Sarukhán indicaba, los medios de comunicación mexicanos jugaban (y siguen jugando) un importante papel en elevar el nivel de conciencia ecológica en el país. La cobertura de asuntos ambientales por los periódicos es particularmente importante ya que la mayoría de los mexicanos reciben su información por este medio. A fines de los setenta, los periódicos más grandes reportaban regularmente sobre asuntos ambientales. Los periodistas mexicanos hicieron la crónica de la contaminación de sistemas fluviales completos, la desecación de los lagos, la rápida destrucción de los bosques, y los altos niveles de contaminación en las áreas urbanas. También expusieron escándalos, como una gran negligencia en el manejo de desechos tóxicos y la contaminación del sureste de México por Pemex.14 Los periódicos se convirtieron en una invaluable fuente de información sobre las calamidades ambientales de México.15

Unomásuno* (Ciudad de México) y México City News publicaron algunos de los más amplios comentarios sobre los problemas ambientales de la nación.16 A mediados de los ochenta, Fernando Césarman, un psicólogo y ambientalista mexicano, se convirtió en un colaborador regular de Unomásuno. En una serie de artículos, que iban de erosión del suelo a envenenamiento por pesticidas, Césarman recordaba constantemente a sus lectores la forma en que dependía la humanidad del mundo natural.17 Con Unomásuno como su foro, podía comunicar sus ideas a una audiencia masiva. En agosto de 1989, el periódico inició un suplemento mensual sobre el ambiente. Esta sección especial contenía partes que no sólo esclarecían la naturaleza destructiva del desarrollo industrial y agrícola de México, sino que también hablaban de experimentos en técnicas alternativas, como agroforestería, energía solar e hidroponía.18

Los artículos de Unomásuno incrementaron el conocimiento del público sobre la necesidad de mantenimiento y restauración ecológica. El México City News fue particularmente agresivo en su cobertura de la crisis ambiental en México. En 1988, comenzó su vigilancia de la contaminación consistente en declaraciones de ciudadanos mexicanos y turistas extranjeros sobre el estado del medio ambiente mexicano (los editores colocaron las citas en la primera página). En formas, tanto serias como cómicas, varios ciudadanos mexicanos se preguntaron sobre adónde los había llevado el "progreso".

"¿De qué sirven los descubrimientos médicos que nos hacen vivir más, si nuestros avances tecnológicos nos están matando?"19

Roberto Suárez, contador. Ciudad de México.

"Muchas veces me he preguntado que tanto estamos dispuestos a sacrificar por una vida de ocio y comodidad, y ahora ya lo sé."20

Arturo Villalobos, Ambientalista.

"¡Diablos! ¡No está picoso, está contaminado.¡"21

Hugo Escalante, estudiante. Ciudad de México.

Algunos de aquellos citados en el México City News expresaban la opinión de que los problemas de contaminación de la ciudad habían sido exagerados. En respuesta a esta actitud, Manuel Torres Fuentes, un contador de la Ciudad de México dijo, "lo que realmente me aterra es que estamos empezando a aceptarlo, aunque nos esté envenenando."22

El temor de Fuentes era compartido por los editores del News. La vigilancia de la contaminación y los artículos ambientales del periódico eran un intento para mantener la contaminación y la degradación de los recursos en las mentes del público. El periódico también trataba de que los funcionarios del gobierno abordaran los problemas ambientales de la nación. De acuerdo a los editores del diario:

Y nuestro objetivo es doble: alertar a las autoridades sobre las industrias y otras operaciones que están contaminando el ambiente, para que estas actividades puedan ser detenidas rápidamente; mantener a las autoridades constantemente alertas y conscientes de que están bajo el permanente escrutinio de los ciudadanos y residentes de México, y de todo el mundo para el caso, ya que el Valle de México se ha convertido en un laboratorio ambiental.23

La prensa mexicana no sólo hacía la crónica de los problemas ambientales del país, también demandaba acciones para resolverlos.

Aunque llegando a una audiencia menor, los libros también han desempeñado un papel en el tratamiento de las preocupaciones ambientales. En La Metrópolis Mexicana y su agonía (1973), Arturo Sotomayor escribió sobre futuros viajeros espaciales que aterrizaron en el Valle de México solo para encontrarlo inhabitable. Sotomayor, entonces, hizo la crónica de como sus conciudadanos diariamente estaban haciendo de este sombrío futuro una realidad.24 En Ecocidio: Un estudio psicoanalítico sobre la destrucción del medio ambiente (1972), Fernando Césarman examinó la naturaleza suicida de los seres humanos,y acuñó el término "ecocidio", para describir como la gente estaba destruyendo la vida al destruir el medio ambiente.

En su libro, Césarman analizaba las raíces del insensible tratamiento de la especie humana para la naturaleza. De acuerdo con él, una transición crítica ocurrió cuando la visión de la naturaleza como un paraíso fue remplazada por la visión de la naturaleza como un absoluto obstáculo para el bienestar y la felicidad humanas.: "Al ambiente se le ve como algo contra lo que debemos luchar, luchar contra la tierra para hacerla producir, luchar contra los ríos, el mar, el aire, los animales salvajes. En esta agresiva fantasía imaginamos al mundo como un sádico, del cual somos víctimas, y contra el cual debemos de luchar."25 Otra fantasía a la cual la humanidad sucumbió, fue la de creer que por medio de la ciencia y la tecnología, podríamos obligar a la naturaleza a producir cualquier cosa que quisiéramos. Estas dos disciplinas han creado la peligrosa ilusión de que los seres humanos son superiores a la naturaleza. A pesar de la creciente severidad de los problemas ambientales, aún nos rehusamos a reconocer nuestra dependencia del mundo natural, ya que al hacerlo debilitaríamos nuestro mito de superioridad sobre el entorno. Otro impedimento para la restauración del ambiente es que no podemos enfrentar el hecho de que nuestras acciones están llevando a la destrucción de la especie. Sin embargo,si la humanidad quiere evitar el ecocidio, debemos de reubicar radicalmente nuestro lugar en el mundo natural.26

Ecocidio se volvió parte del vocabulario mexicano,27 entrando hasta en la jerga política. Por lo menos retóricamente, el presidente Carlos Salinas de Gortari ha usado la idea de ecocidio de Césarman.28 Recientemente dijo: "La civilización ha transformado a la naturaleza en un hábitat devastado por el hombre, quien está batallando constantemente para lograr control y usarla como un instrumento para el progreso, olvidándose de su bienestar."29 Por lo menos, Césarman, Sotomayor y otros, ayudaron a estimular el debate sobre las consecuencias de la degradación ambiental.

Los conservacionistas mexicanos, también, elevaron el nivel de conciencia ecológica en México. Entre principios de los setenta y los principios de los ochenta, el número de grupos de conservación en México, ha proliferado. De las más importantes organizaciones formadas en este periodo están el Centro de Ecodesarrollo (1972), Pro mariposa Monarca (1980), Pronatura (1981), y Biocenosis (1982).30 Muchos de los grupos diseñaron programas educacionales para enseñar a los jóvenes el valor de la naturaleza.31 Elevando la conciencia ecológica tanto de éstos como de los viejos, los conservacionistas ayudaron a construir los cimientos para el movimiento ambientalista.

Irónicamente, sin embargo, muchos conservacionistas despreciaron a los nuevos advenedizos. Enrique Beltrán decía que los ambientalistas "sólo añadían confusión y ofrecían soluciones absurdas."32 Arturo Gómez Pompa compartía el sentimiento de Beltrán. Advertía que la proliferación de asociaciones "ecologistas" era un desarrollo peligroso. Debido a su ingenuidad, los ambientalistas desorientaban al público al ofrecer evaluaciones demasiado pesimistas (y no científicas) sobre el estado del medio ambiente mexicano.33 Lo que debería de haber sido una alianza natural entre conservacionistas y ambientalistas, fue obstaculizada por el desacuerdo de si la ciencia debía informar al activismo ambientalista.

No era sorprendente que existieran divisiones dentro del mismo movimiento ambientalista. Cuando se le define ampliamente, el movimiento consiste de un amplio espectro de grupos, incluyendo comunidades de paracaidistas, pescadores, indígenas y "jipis", así como asociaciones de vecinos, grupos de presión política y partidos políticos.

Para el habitante urbano pobre, la lucha por un medio ambiente más sano es parte de una batalla aún mayor por mejores condiciones de vida. Los líderes de la comunidad de asentamientos precarios han exigido persistentemente del gobierno mejores servicios, incluyendo agua corriente y mejores sistemas de drenaje. Los colonos han intentado ayudarse a ellos mismos construyendo cisternas para juntar agua y recolectando materiales de desecho para construir viviendas. Para el habitante urbano pobre, la conservación y el reciclaje del agua son asuntos de supervivencia. En muchas vecindades, el pedir a las autoridades poner un alto a la contaminación industrial se ha convertido en otra parte de la lucha por la salud y la vida. Aunque la mayoría de los activistas en los barrios no se ven como ecologistas en sí, su meta es mejorar la calidad del ambiente dentro de sus comunidades.34

Igualmente, los grupos indígenas que luchan por proteger sus recursos de la explotación externa no se consideran como conservacionistas. Pero, aún así, su meta es proteger la tierra. En varias ocasiones, los indígenas han formado organizaciones en un intento por evitar que el gobierno y las empresas privadas talen los bosques de la región. Cuando el presidente José López Portillo (1976-1982) concesionó a una compañía papelera los derechos para explotar bosques en los estados de México y Morelos y en el Distrito Federal, las comunidades afectadas prometieron evitarlo (al costo que fuera).35 También durante la presidencia de López Portillo, veintiséis comunidades indígenas de Oaxaca crearon una organización que prometía "defender juntos nuestros recursos forestales, especialmente los bosques, desarrollar a nuestra gente y defender a nuestra organización del aparato político y educativo del Estado."36 En 1983, cincuenta y seis grupos formaron un consejo supremo que presionó al presidente De la Madrid para que tomara "enérgica acción para terminar con las ilimitadas concesiones a las compañías madereras, las cuales, sin ningún escrúpulo, explotan y contaminan la tierra."37 El consejo también instaba a los pueblos nativos a retomar su conocimiento de la agricultura y del ambiente, y transmitirlo a la nueva generación, para que así no se volvieran parte de la destrucción de sus propios recursos.38 A pesar de presiones externas e internas, algunas comunidades indígenas protegieron sus bosques y suelos plantando huertos familiares y construyendo terrazas, entre otras prácticas tradicionales. Además, adoptaron sistemas de distribución del trabajo anteriores a la conquista para las nuevas tareas, como reforestación y recolección de basura.(39) En una base tanto local como nacional, los indígenas se habían organizado en defensa de su medio ambiente.

También, los pescadores, intentaron conservar su medio de vida uniéndose contra la explotación de los recursos. En el lago de Pátzcuaro, se afiliaron a un grupo ecologista local para buscar que se terminara la contaminación del lago y el deterioro y el desvío de las corrientes y los ríos que lo alimentaban.40 Sus compatriotas en Lázaro Cárdenas, Michoacán, optaron por una confrontación más directa. Bloquearon el puerto por setenta y dos horas hasta que los contaminadores industriales aceptaron ayudar a financiar un programa para resurtir las aguas costeras con peces, langostas y camarones, y detener la descarga de desechos en las aguas.41 Usando tanto el convencimiento como la protesta, las cooperativas de pesca en México trataban de proteger los ecosistemas acuáticos.

En algo que recordaba la contracultura de 1960 en los Estados Unidos, algunas gentes establecieron comunas en México. La contracultura en los Estados Unidos protestaba contra algunos aspectos de la sociedad norteamericana: materialismo, competencia, "rígidas" costumbres sociales, y una aceptación incuestionable de la autoridad. Una de las formas en que los "jipis" de los sesenta abandonaron la sociedad tradicional fue formando comunas. Aquellos que las formaron buscaban un estilo de vida más sencillo. En México, las comunas son, más explícitamente, un experimento ecologista. Están tratando de demostrar la validez de las tecnologías apropiadas. Por ejemplo, la comuna de Huehuecoyotl en Morelos (en el centro de México) ha usado letrinas secas, terrazas y sistemas para el reciclaje de las aguas grises para conservar los suelos y el agua.42 Comunas como éstas, protestan contra los usos insostenibles a que se está sometiendo el medio ambiente en México. Más que eso, tratan de demostrar que una eco-revolución es posible en el país.43

Durante la campaña presidencial de 1982, Miguel de la Madrid observó astutamente que "la calidad del ambiente afecta la calidad de la vida humana; que es un problema que afecta a todos y cada uno de nosotros; que no es un problema de clase. La nación entera se encuentra en grave peligro, ya que degradar a la naturaleza es degradar a los seres humanos."44 Los mexicanos ricos pueden disminuir su exposición a ciertas formas de contaminación, pero no pueden escapar del problema totalmente. Por ejemplo, pueden comprar una casa en uno de los mejores fraccionamientos de la Ciudad de México, y tener garantizada agua pura y una relativa tranquilidad, pero todos los veinte millones de residentes tienen que respirar el mismo aire contaminado. El hecho de que muchos de los ciudadanos mejor educados, y políticamente más poderosos, sufren por la contaminación de la misma manera que todos los demás, ha sido un factor importante en el desarrollo y el potencial del movimiento ambientalista mexicano.

El origen, predominantemente de clase media, del movimiento ambientalista mexicano, no ha dado como resultado una estrategia o política uniformes. Una de las divisiones más marcadas entre los grupos ambientalistas se refiere al asunto de si deben actuar como una organización de la sociedad apolítica de la sociedad, como un grupo de presión, o como uno político. Algunos grupos ambientalistas mexicanos han desechado la opción de formar un Partido Verde. Alfonso Ciprés Villarreal, que encabeza el Movimiento Ecologista Mexicano (MEM), ha dicho que lo único que lograría el MEM al convertirse en un partido político, seria "confundir y traicionar la confianza de miles de mexicanos que han invertido en nosotros motivados por el deterioro, desprestigio y desgaste de los partidos políticos existentes.45 Otros estaban de acuerdo en que la creación de un partido ambientalista sería contraproducente, ya que restaría votos a partidos que simpatizaban con las causas del ambiente. Homero Aridjis, dirigente de la organización ecologista Grupo de los 100, ha insistido en este aspecto: "No creo que sea necesaria su (del Partido Verde) existencia. Al formar otro partido es seguro que tu y otros perderán. No tiene sentido."46 Jorge González Torres, presidente del Partido Verde Ecologista de México, ha respondido así a las críticas: "Están totalmente equivocados. No puedes obligar a un cambio cuando no participas. Tu sólo das la apariencia de cambio, y eso es peligroso."47

Algunos grupos han intentado evitar por completo los conflictos políticos, en la creencia de que las comunidades pueden mejorar su ambiente sin tener que estar buscando el apoyo de burócratas indiferentes. Una de esas organizaciones es Tierra Madre de San Miguel Allende (San Miguel Allende es una comunidad de aproximadamente 100,000 habitantes, localizada en el estado de Guanajuato, en el centro de México). El objetivo de Tierra Madre es lograr que sean aceptadas tecnologías alternativas que eleven los niveles de vida de las gentes y mejoren la calidad de su ambiente. El principal proyecto del grupo ha sido la promoción de un sistema casero de separación de origen (separar la basura orgánica de la inorgánica) para hacer composta y reciclado. Tierra Madre está proponiendo este proyecto a la gente de San Miguel Allende como un medio de obtener mayores ingresos más que como una medida ambiental. La filosofía básica de la asociación, sin embargo, es que la calidad de vida de las personas está unida directamente a la de su medio ambiente. Además de este programa de reciclado, Tierra Madre desarrolla un sistema simple de filtrado de aguas negras para detener su escurrimiento hacia un lago cercano, y apoya el reuso de agua de desecho. En las afueras de San Miguel Allende, el grupo construye una pequeña aldea ecológica que demostrará la utilidad práctica de las destiladoras solares, la energía solar pasiva, los invernaderos hidropónicos y otras eco-técnicas. En colaboración con la Sociedad Audubon de San Miguel Allende, Tierra Madre ha estimulado el uso de energía solar y gas para reducir el consumo de leña.48 Esperan que sus esfuerzos en San Miguel Allende sirvan como modelo para el resto de México.49

Dos de las más influyentes organizaciones ambientalistas, el Movimiento Ecologista Mexicano (mem) y la Asociación Ecológica de Coyoacán, funcionan tanto como organizaciones vecinales, como grupos de presión política. Con diez mil miembros y doscientos afiliados, el mem (organizado en 1981) es el grupo ambientalista más grande del país. Se describe a sí mismo como un grupo no gubernamental sin ayuda de organizaciones religiosas, partidos políticos o corporaciones multinacionales. La organización ha usado mensajes en radio y televisión, etiquetas para la defensa de los autos, videos y carteles para realizar una campaña permanente para la protección de las especies en peligro y los ecosistemas amenazados de México, y por el mejoramiento del medio ambiente humano. Sus campañas han incluido la colocación de bolsas para basura en los automóviles, el uso de bicicletas, el programa de un día sin auto, el intercambio de materiales para reciclar por arbolitos, la eliminación del abuso de pesticidas, el apoyo a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección Ambiental, y becas para estudios ecológicos. El MEM asegura que para tener éxito en su defensa de los recursos naturales, la ecología y el medio ambiente del país, debe actuar como un grupo de presión sobre industrias públicas y privadas que son tan destructoras del ambiente. Al mismo tiempo, los afiliados locales al MEM mejoran la calidad de vida en sus áreas vecinales mediante la plantación de árboles y la recolección de basura. El grupo ha buscado mejorar la calidad de vida de todos los mexicanos. Como el MEM lo expone, "Nuestra lucha no es por clase, sino por la vida".50

En 1983, la Asociación Ecológica de Coyoacán, se formó con el propósito especifico de salvar los grandes Viveros de Coyoacán (lo que lograron). Desde entonces, la asociación ha ampliado sus actividades para incluir reforestación, reciclado y educación ambiental. Como el MEM, se ha convertido en una voz importante sobre los asuntos ambientales nacionales. Por medio de la solidaridad de la comunidad, esta asociación está tratando de crear una nueva forma de vida que sea política, económica y ambientalmente mejor que el régimen antidemocrático, mercantilmente orientado y ecológicamente destructivo bajo el que los mexicanos viven actualmente.51

A diferencia del MEM y de la Asociación Ecológica de Coyoacán, el Grupo de los 100 actúa exclusivamente como un grupo de presión política. El organismo, fue creado en 1985, cuando cien escritores y artistas publicaron una declaración contra la contaminación.52 En este manifiesto, el Grupo de los 100 imploraba al gobierno a "dejar sus discursos y planes, que nunca llevan a nada y actuar inmediatamente para defender y proteger a los habitantes de esta ciudad de la muerte lenta a la que la corrupción y la negligencia nos han condenado año tras año."53 Miembros del Grupo han utilizado hábilmente a los medios de comunicación y foros públicos sobre asuntos ambientales para atizar la inquietud pública sobre la contaminación y para presionar al gobierno a tomar acciones más vigorosas.54

Homero Aridjis, cabeza del Grupo de los 100 arguye que las tácticas de su organización contribuyeron a la reciente decisión de Carlos Salinas de Gortari para cerrar la refinería 18 de marzo: "Con esta decisión, el gobierno de México y las autoridades del Departamento del Distrito Federal se ponen a la cabeza de la lucha concreta para reducir la contaminación en el Valle de México, y demuestran que han oído las voces de la sociedad civil."55 Las presiones de grupos de interés ambiental ciertamente pueden haber acelerado esta drástica acción.

Además de la contaminación, el Grupo de los 100 ha llamado la atención hacia la destrucción del mundo natural. Reflexionando acerca de su propio estado de Michoacán, Aridjis ha dicho:

"He notado que los animales que vivían en las montañas ya no están ahí. Nuestras montañas y bosques se están quedando en silencio. Nuestros lagos y ríos se están secando."56 Aún las mariposas monarca, las cuales, recordó Aridjis, en una época le prendían fuego a todo el cielo con negro, amarillo, y naranja, se están desvaneciendo debido a la desforestación.57

Esas meditaciones sobre el pasado y el futuro han inquietado a Aridjis:

"Las imágenes que alimentaron mi niñez estaban siendo destruidas y yo sentí que era como si mí niñez estuviera siendo asesinada, que mí recuerdo de la belleza natural que una vez me había apabullado estaba siendo saqueada. La posibilidad de que mi pueblo se convirtiera en un páramo, un lugar silencioso sin viento en los árboles o sonidos animales o canciones de los pájaros, me hace sentir desesperado. Tal falta de respeto para la naturaleza me humilla como ser humano; me convierte en un extraño en mí lugar natal."58

Para Aridjis, la degradación de la naturaleza es un crimen tanto social como ambiental, porque deja una tierra desolada que no puede darle a la gente ni alimento ni gozo. Esta convicción ha motivado a Aridjis y a otros miembros del Grupo de los 100 en su lucha por la protección de los lugares y animales silvestres de México.59

Otros grupos buscaron cambiar las políticas del gobierno desde adentro. A comienzos de los ochenta, el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) intentó convertirse en el primer partido con orientación ambientalista de México.60 Víctor Manuel Toledo, miembro del partido, aseguraba que socialismo y ambientalismo eran dos movimientos simbióticos. De acuerdo con él: "La explotación del trabajador, y la destrucción del ambiente, las únicas fuentes de las cuales el capital extrae riqueza, no son más que dos dimensiones del mismo proceso."61 Bajo un sistema capitalista, unas cuantas gentes se enriquecen mediante la explotación de la naturaleza, destruyendo así la capacidad de la tierra a largo plazo para sustentar a la gente. Toledo sostiene que los orígenes de la crisis ambiental de México se encuentran en el colonialismo, el neocolonialismo y el imperialismo. La liberación de la naturaleza y de la gente dependerá de la creación de un Estado socialista.62

Toledo condenaba la naturaleza reaccionaria del ambientalismo mexicano. Lamentaba que, por estar dominado por científicos políticamente neutros, el movimiento ecológico no se había convertido en un movimiento radical contra el capitalismo, e increpaba a los ecólogos mexicanos por mostrar el mismo carácter apolítico que sus contrapartes en los Estados Unidos. Se quejaba de que, aún en Europa, donde los filósofos y los sociólogos, más que los científicos, estaban al frente de los movimientos ambientalistas, los partidos verdes habían ignorado la opresión de los trabajadores. Además, criticaba a las organizaciones tradicionalmente de izquierda por ignorar los asuntos ambientales. Toledo se imaginaba al PSUM convirtiéndose en el primer partido legal de izquierda ambientalista.63

Arturo Gómez-Pompa respondió de la misma manera a la acusación de Toledo de que los ecólogos mexicanos eran apolíticos, amonestando al PSUM por su tardía y tibia adopción del ambientalismo.64 Ciertamente, Toledo nunca pudo convertir al PSUM en un partido socialista ambientalista.

El Partido Verde de México ha adoptado el manto del PSUM como un partido ambientalista. El partido evolucionó de uno de los primeros grupos ecológicos de México, la Brigada para la Libertad Social y la Justicia, que empezó como una organización vecinal en la Ciudad de México en 1979, que en ese entonces se unió con otros grupos ambientalistas en el país para formar la Alianza Ecologista en 1984.65 Después de varios años de intentos para aumentar la conciencia del público sobre la contaminación y la basura, el grupo decidió que era tiempo para un nuevo plan de acción. En 1987, la Alianza eligió formar un Partido Verde ya que estaba convencida de que los problemas ambientales y sus soluciones eran básicamente políticos. Sin presión desde el interior, la alianza creía que el gobierno seguiría haciendo concesiones verbales a los grupos de presión ambientalistas, pero obstaculizaría los cambios verdaderos.66

Hasta que pudieran tener un pie adentro del gobierno, los miembros del nuevo partido actuarían como vigilantes de los funcionarios públicos. En sus conferencias de prensa bimestrales, culparon al gobierno de aplicar inadecuadamente las leyes contra la contaminación. El partido acusó que el gobierno había usado tecnología obsoleta para certificar que los autos cumplían las normas de emisiones y que también, deliberadamente, había reportado datos por debajo de los reales sobre la contaminación. El Partido Verde criticó severamente las declaraciones del gobierno, de que sus políticas habían dado como resultado menores concentraciones de bióxido de azufre, monóxido de carbono, y plomo en la Ciudad de México. Los Verdes consideraban que la falsificación de estadísticas era muy condenable porque era difícil hacer conciencia sobre la contaminación entre la población, cuando el gobierno ocultaba a la gente el verdadero alcance del problema.67

El Partido Verde adoptó varias posiciones impopulares. A muchos mexicanos les ha disgustado particularmente su enérgica defensa de los derechos de los animales; sin embargo, el partido ha defendido su posición: "La cacería deportiva, las corridas de toros, las peleas de gallos y de perros, la captura y enjaulado de animales son prácticas crueles con las que la gente goza con el sufrimiento de seres inocentes. Mientras continúen con la costumbre y se entretengan con tal crueldad, los seres humanos no podrán vivir en armonía con la naturaleza o con ellos mismos."68 El partido defiende, nada menos, que se extienda el respeto a todas las partes del mundo natural.

Adicionalmente, el Partido Verde Ecologista Mexicano está a favor de la educación ambiental, en todos los niveles, y de la adopción de una forma de desarrollo económico que "respete la armonía natural de la vida y contribuya a la restauración del ambiente." También simpatiza con una variedad de causas sociales. Sin embargo, a diferencia del PSUM y de los partidos verdes europeos, no se ha comprometido en una agenda social más amplia como el desarme nuclear, el feminismo o los derechos de los trabajadores. En vez de ello, se ha concentrado en lo que considera el más serio problema de México: la destrucción del medio ambiente.69

Durante las elecciones de mitad de sexenio en 1991, el Partido Verde Ecologista Mexicano tuvo la oportunidad de probar la resonancia de su mensaje entre el público mexicano. En un comentario que indicaba los límites de la inquietud ecológica en México, un técnico en refrigeradores dijo a uno de los candidatos del partido, en la Ciudad de México: "Entiendo, señora*, que usted esté tratando de corregir las cosas, pero yo tengo que preocuparme de mis hijos, no puedo preocuparme por los árboles."70 Otros, sin embargo, fueron más receptivos a la plataforma del partido, que busca la conservación de los ecosistemas, la protección de la fauna, la limpieza del ambiente, y el ecodesarrollo.71 Al fin, el partido recibió 330,799 votos, finalizando séptimo entre diez partidos a nivel nacional y quinto en la Ciudad de México. A los Verdes, sin embargo, les faltó .06 por ciento para completar el 1.5 % del total de votos necesarios para obtener su registro permanente como partido político. Ahora tiene que abstenerse una elección, antes de participar de nuevo.72 A pesar de este retroceso y de las constantes críticas de otros grupos ambientalistas, el Partido Verde Ecologista de México seguirá buscando el cambio ambiental, entrando para ello en el proceso político.

Algunos dirigentes ambientalistas mexicanos acusaron al gobierno de tratar de bloquear la expansión del movimiento ambientalista fomentando la disensión entre sus miembros. Alfonso Ciprés Villarreal, que encabeza el MEM, argumentaba que el gobierno temía a un "verdadero movimiento ecologista" y por lo tanto intentaba dividir y manipular a los grupos ambientalistas. La élite gobernante incita rivalidades entre las asociaciones ecologistas restringiendo, periódicamente, la participación y la consulta para programas ambientales a grupos que apoyan más sus acciones. Los activistas ambientales, que han sido regularmente excluidos de los procesos de toma de decisiones, debido a sus posiciones opositoras, han criticado agudamente a sus contrapartes por colaborar con el gobierno. Homero Aridjis acusó al PRI de tratar de crear divisiones, no solo entre los grupos, sino dentro del mismo. Recordó que en varias ocasiones, funcionarios gubernamentales se habían puesto en contacto con miembros del Grupo de los 100, para pedirles que se opusieran a la posición del partido oficial. De acuerdo con Aridjis, las autoridades algunas veces recurrieron a medidas más represivas, como hostigamiento personal y censura de prensa, para limitar la efectividad del grupo. La estrategia gubernamental de manipulación y represión refuerza el debate dentro de la comunidad ambientalista sobre la mejor forma de lograr sus metas.73

La fragmentación del movimiento ambientalista mexicano puede ser fácilmente exagerada. Un amplio espectro del movimiento trabajó unido, con éxito, para lograr que el gobierno aceptara el programa de un día sin auto en la Ciudad de México. Este tipo de cooperación es la regla, más que la excepción.

La campaña más aplaudida del movimiento ambientalista fue contra la planta nuclear de energía eléctrica de Laguna Verde. El resultado de esta campaña indica que los grupos ambientalistas están limitados en su capacidad de afectar las decisiones del gobierno.

La planta de Laguna Verde ha tenido una historia larga y es propensa a los accidentes. Su construcción empezó en 1972, pero debido a una serie de retrasos, no estuvo lista para operar hasta fines de los ochenta. El 20 de junio de 1988, la empresa General Electric (GE), que fabricó el reactor Mark II (un reactor que había sido descontinuado en los Estados Unidos debido a sus fallas), y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) anunciaron que estaban iniciando las pruebas finales de la planta. De acuerdo a la GE y a la CFE, estas pruebas no deberían de durar más de 188 días. Pero resultó que se hicieron pruebas durante 785 días antes de abrir la planta el 14 de agosto de 1990. El 25 de noviembre de 1989 y el 27 de abril de 1990 se escapó vapor radiactivo, conteniendo Cesio 137 y Estroncio 90, debido a una fisura en la tubería de circulación principal. En diciembre de 1989, 130,000 litros de agua radioactiva fueron descargados en un lago de agua salada cercano. Los pescadores de Veracruz alegaron un caída en la producción de camarón en él.74

El 27 de enero de 1987, diez mil personas y veinticinco grupos ambientalistas participaron en una clausura simbólica de la planta.75 Los ambientalistas pusieron en duda la prudencia de gastar 3,500 millones de dólares en una planta que duraría cuando mucho 30 años.76 Considerándolo como de mayor consecuencia, también cuestionaron la cordura de los funcionarios del gobierno, al ubicar la planta como una falla geológica, en una de las regiones más densamente pobladas de México.77 Además, existía el complicado asunto de como disponer de los desechos radioactivos. Conforme a los funcionarios encargados, los desechos podrían ser almacenados con seguridad en una cueva especialmente construida. Los ambientalistas ponían en duda que se pudiera encontrar cualquier sistema seguro, y pedían al gobierno que abandonara la energía nuclear en favor de otras fuentes de energía, más seguras y baratas, como la solar y la eólica.78

Los pescadores locales se unieron a los ambientalistas en la lucha contra Laguna Verde. Eduardo Gómez Téllez, representante de un grupo de cooperativas pesqueras de Veracruz, dijo que la planta estaba descargando mensualmente unos diez millones de litros de agua contaminada, que estaba matando a los peces y destruyendo a los pequeños organismos que formaban la base de la cadena alimentaria. De acuerdo con Téllez, cuando la planta entrara en operación completa, las familias de mil pescadores se verían adversamente afectadas. Miembros de las cooperativas pesqueras amenazaron con bloquear el canal de drenaje y cerrar el acceso de los trabajadores a la planta. Téllez reconocía que "sabemos que nos reprimirán. Pero es peor que nos estén quitando nuestra fuente de trabajo y el pan de nuestras bocas."79

Otro grupo que protestó contra la planta fue el de las Madres veracruzanas. Estas mujeres llamaron la atención hacia el peligro que la planta representaba para la vida humana y no humana de la región.80 Carlos Salinas de Gortari prometió a las Madres de Veracruz que ordenaría una auditoría imparcial en la planta para determinar si debería ponerse a trabajar de lleno, o bien clausurarse permanentemente. Sin embargo, Salinas escogió, para hacer la auditoría, a Manuel López Rodríguez, cuya imparcialidad estaba comprometida por tres factores: era un promotor de la energía nuclear en España, era amigo de Juan Eibenshuzt, quien era el padre de la planta, y tenía relaciones con Hidroeléctrica Española, S.A., uno de los contratistas de Laguna Verde. Por ello, no fue sorpresa que López Rodríguez declarara a Laguna Verde segura para su operación. Las Madres de Veracruz habían presionado a Salinas para hacer la auditoría, pero no pudieron obligarlo a hacer una honesta.81

Los opositores más inesperados para la Planta de Laguna Verde fueron los obispos de Veracruz. La iglesia en México siempre había evitado los asuntos políticos y permanecido en silencio sobre asuntos ambientales. Pero, en su mensaje de Navidad de 1989, los obispos veracruzanos protestaron contra la destrucción del ambiente en general (y en el proceso dieron nueva forma al precepto bíblico de que el hombre dominaría a la tierra) y específicamente contra la planta:

"Jesucristo ama la naturaleza, la respeta, la admira. Cuando el hombre fue llamado para dominar la tierra, no fue llamado para hacerlo de una manera déspota sino con humanidad, haciéndola servir por medio de sus obras... En la actualidad, y viendo nuestros alrededores, tenemos que deplorar el uso que el hombre está haciendo de la naturaleza. ¡Cómo la estamos ensuciando!, ¡Cómo estamos agrediendo la vida humana! ¡Cómo, en el altar del llamado progreso, modernidad, civilización industrial, desarrollo, estamos ofreciendo y sacrificando la vida humana, la naturaleza, la creación!... Entendemos y compartimos los sentimientos de la gente y de los grupos que se han pronunciado ante el gobierno y la opinión pública [sobre Laguna Verde] llamando la atención acerca de los graves riesgos de accidentes mortales y consecuencias genéticas para todas las especies vivientes.82

Pero ni la iglesia, ni los pescadores, ni las madres ni los grupos ambientalistas pudieron persuadir al gobierno de que descartara Laguna Verde, el cual había invertido mucho dinero y prestigio para echarse para atrás. Irónicamente, mientras que muchos países, en las secuelas del accidente nuclear en la isla Three Míle, en los Estados Unidos, y después de la fusión del reactor en Chernobyl, en la Unión Soviética, se alejaban de la energía atómica, México se estaba lanzando despreocupadamente a la era nuclear.83 El movimiento ambientalista puede haber ayudado a retrasar la llegada de México a este nuevo mundo (las muchas pruebas que se hicieron pueden haber sido tanto para calmar la inquietud pública, como para realmente probar la planta), pero no pudo evitarlo.

Aunque el gobierno mexicano se acercó a la postura ambientalista en algunas materias, los dirigentes políticos siguieron políticas contrarias a mantener la ecología, cuando consideraron más importantes otras metas. Al momento, el movimiento ambientalista carece de la fuerza política para obligar a los políticos a tomar medidas estrictas para proteger el ambiente. Han sido capaces, sin embargo, de ejercer alguna influencia en el camino de la política ambiental mexicana y, lo que es muy importante, las asociaciones ecologistas han progresado en el nivel social desde 1980. Acrecentaron la conciencia pública sobre temas ambientales, lo que es un prerrequisito para la solución de los problemas tanto local como nacionales. Además, obtuvieron la participación de la comunidad en proyectos de restauración ecológica, mejorando la calidad de vida en varias áreas, sin contar con apoyo del gobierno. Gradualmente, el movimiento ambientalista está emergiendo como una importante fuerza social y política en México.